Las plantas de las zonas áridas y semiáridas tienen adaptaciones especiales relacionadas con el acceso al agua del suelo, que se realiza mediante el desarrollo de raíces horizontales hasta de 30 metros y raíces verticales de 15 metros de profundidad facilitando el acceso de agua. Una de estas plantas es el trupillo (Prosopis juliflora). Otras plantas poseen raíces tuberosas como el cardón de perro (Acanthocereus sicariguensis), con capacidad de almacenar agua y nutrientes, y en algunos géneros de la cactáceas las espinas funcionan como órganos para la observación del agua contenida en la atmósfera.